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DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

1. LA AFHA DEFIENDE LA IMPORTANCIA Y NECESIDAD DEL FEMINISMO.

Las mujeres y niñas son víctimas de discriminaciones, maltratos y violencias específicas solo por el hecho de ser mujeres y niñas. Estas distintas formas de opresión y explotación derivan en distintas formas de violencia machista:

1. Violencia de género. Violencia física y psicológica ejercida (y justificada) en base a la ausencia de condiciones materiales y culturales de igualdad de las mujeres. El asesinato y maltrato físico y psicológico de mujeres constituye una consecuencia de este sistema social que las infravalora, invisibiliza, insulta y condena por el simple hecho de ser mujeres.

 

2. Violencias sexuales. Estas se ejercen en diversas formas que van desde al acoso a la violación. La sexualidad de las mujeres está definida en favor de los intereses del hombre. Estas se encuentran a su disposición en tanto objetos de placer. El machismo pretende convertir a la mujer en un elemento pasivo de la sociedad privándola de voz y voto. Esta objetivación de la mujer es aún más evidente en este ámbito donde incluso la legislación supone la actitud pasiva como una actitud de aprobación. Tal y como se explicará más adelante, consideramos la prostitución como violencia de género extrema. Violencia que combina violencia sexual y económica.

 

3.Violencia económica. Esta se ejerce en distintas formas: brecha salarial, invisibilidad y precariedad de los cuidados, techo de cristal, suelo pegajoso, feminización de la pobreza, etc. Muchas formas de violencia machista se consolidan gracias a la enorme desigualdad económica entre hombres y mujeres.

 

Las mujeres cargan con el peso del trabajo de cuidados (crían, limpian, cuidan mayores y personas enfermas) incluso a pesar de trabajar también fuera de casa, dificultando su acceso al mundo laboral (suelo pegajoso).

El trabajo de cuidados no solo no está remunerado, es despreciado e invisibilizado como algo trivial. Cuando la mujer accede al mercado laboral, sigue cargando con el peso del trabajo de cuidados por lo que no puede acceder en condiciones de igualdad a los diferentes puestos y niveles de responsabilidad y representación en los centros de trabajo (techo de cristal). Existen además trabajos feminizados, como la limpieza y el cuidado, trabajos con las mayores tasas de temporalidad y mal pagados, aunque en su mayoría, se dan al margen de la legalidad y de cualquier tipo de derecho laboral.

La violencia económica también genera espacios exclusivos de violencia y explotación extrema de los cuerpos de las mujeres como la prostitución y los vientres de alquiler.

4. Violencia simbólica. La violencia simbólica contra las mujeres está constituida por la emisión y divulgación constante de mensajes que transmiten y reproducen relaciones de dominación, desigualdad y discriminación que naturalizan o justifican la subordinación y la violencia contra las mujeres en la sociedad. Son muchos los mensajes que se transmiten en este tipo de violencia:

1) el desprecio y la burla por lo que son y/o hacen las mujeres;

2) el temor o desconfianza por lo que son y/o hacen las mujeres,

3) la justificación de la subordinación femenina y /o de la violencia contra las mujeres.

Esta violencia simbólica se ejerce a través de la publicidad, las letras de canciones, del refranero y de los dichos populares, televisión, cine, etc.

5. Violencia estructural. Estas diferentes formas, coordinadas, constituyen un sistema machista y patriarcal cuyo peso recae sobre mujeres y niñas. Dicha estructura se encuentra en relación de codependencia con otras estructuras de dominio y opresión existentes en nuestra sociedad.

La violencia basada en el género es una expresión de la violencia estructural porque altera la supervivencia, el bienestar, la identidad o la libertad, de las mujeres. Genera situaciones de peligro físico y emocional para las mujeres perpetuando las condiciones de legitimación de la violencia machista en distintas formas y estructuras sociales y económicas.

La violencia estructural se sostiene al favorecer su aceptación o reproducción pues, quien la sufre no la percibe como tal, no tiene conciencia de su situación. Este tipo de violencia se percibe como algo natural, inmutable y, en su caso, cuando es muy evidente, las razones que se dan son siempre aleatorias (la mala suerte, por ejemplo), en consecuencia, no se le opone ninguna resistencia y, paradójicamente, se colabora de manera indirecta con el mantenimiento de la situación. Esta violencia estructural de género facilita y mantiene la dominación masculina, con el objetivo de reprimir la potencialidad de las mujeres o de reconducir dicha potencialidad hacia determinados ámbitos (la familia, el hogar, la naturaleza), de tal forma que no interfiera en la hegemonía masculina.

2. LA AFHA DEFIENDE UN FEMINISMO DE CLASE.

Una sociedad sexista, racista, xenófoba, homófoba, y excluyente, es, en gran parte, consecuencia, de una relaciones desiguales e injustas de reparto y acceso a distintas clases de recursos (materiales, sociales y culturales). Por ello defendemos un feminismo con perspectiva de clase trabajadora, que atienda a la realidad material de las mujeres como causa fundamental (que no única) de las diferentes violencias que son ejercidas sobre ellas.

La clase económica a la que se pertenece determina el nivel de sometimiento y explotación que el sistema patriarcal ejerce sobre cada mujer, ya que este trabaja en coordinación con el sistema capitalista: el patriarcado y el capitalismo se necesitan mutuamente para mantener su hegemonía. Esta unión patriarcal-capitalista impone una división sexual del trabajo, reservando para los hombres la vida pública, situándolo como sujeto central en la política y en la sociedad, el “ciudadano”, mientras que a las mujeres se les reservaba la vida privada y los cuidados del hogar y la familia.

A pesar de la hegemonía masculina en el ámbito del trabajo asalariado las mujeres trabajadoras sostienen sobre sus espaldas el sistema económico actual. Las mujeres trabajadoras trabajan fuera de casa (en su gran mayoría en trabajos más precarios) o/y trabajan dentro de casa (sin ningún tipo de contraprestación o derecho).

 

El peso del trabajo de cuidados obliga a las mujeres a ocupar los trabajos más precarios con las tasas más altas de temporalidad, de tiempo parcial, los salarios más bajos y la mayor inestabilidad laboral y, en consecuencia, se encuentran con la brecha salarial, cobrando un 30% menos que los hombres.

Su doble jornada, fuera y dentro del hogar, implica para ellas, un grave problema de conciliación de la vida familiar y laboral, lo que les impide superar el techo de cristal que dificulta que asuman cargos de responsabilidad y representación en sus centros de trabajo. Este techo de cristal implica una limitación invisible (invisible porque no existen leyes que impongan una limitación explícita en la carrera laboral a las mujeres) del ascenso laboral de las mujeres. Se trata de un techo que limita sus carreras profesionales, difícil de traspasar y que les impide seguir avanzando.

Las mujeres también deben hacer frente al “suelo pegajoso”, concepto que explica las numerosas dificultades que encuentran las mujeres para poder abandonar la esfera de lo privado/doméstico, hacia el espacio público, y que, por tanto, le dificultan el acceso al mercado laboral. El suelo pegajoso supone que las posibilidades de acceso al mundo laboral (y ascenso dentro de este) de la mujer se ven disminuidas por el hecho de que al tener que hacerse cargo de sus familias, no pueden aumentar su formación con cursos fuera del horario laboral, tienen más dificultades para asistir a reuniones, son ellas las que optaran por jornadas reducidas para hacerse cargo de hijos/as, familiares enfermos, etc.

Esta sobrecarga de trabajo, debida a la falta de leyes que obliguen a las empresas a garantizar la conciliación de la vida laboral y familiar, junto con la falta de corresponsabilidad de muchos hombres en el ámbito doméstico, condena a las mujeres a un trabajo asalariado precario o al abandono de este y la vuelta al ámbito doméstico.  

Existen además profesiones feminizadas caracterizadas por su precariedad. La división sexual del trabajo no sólo reparte puestos entre las personas en función de su sexo, sino que valora los puestos de forma desigual, minusvalorando de forma sistemática aquellos asociados a las mujeres.

La persistencia de los estereotipos de género, pese a la transformación del mundo del trabajo, mantiene separados a hombres y mujeres en espacios paralelos, que asignan mejor remuneración y estatus en función de la pertenencia a los escalones más altos de la economía productiva y castigan a las responsabilizadas del ámbito doméstico.​ El mercado de trabajo como elemento emancipador sigue siendo un espacio mayoritariamente vedado a millones de mujeres activas del país, que siguen confinadas en sectores de menor cualificación, remuneración y escaso valor añadido.

El trabajo de cuidados es invisible y esclavo. Las mujeres crían y cuidan sin que la sociedad les ofrezca nada a cambio, ni si quiera respeto y/o aprecio. Si el trabajo de cuidados estuviera remunerado y legislado en igualdad de condiciones que el resto de trabajos, el sistema se derrumbaría.

Las mujeres del ámbito rural se encuentran en una situación aún más grave. Las mujeres del mundo rural tienen una tasa menor de acceso al trabajo asalariado. Y cuando acceden al mundo laboral existe una fuerte discriminación salarial de género, estando las mujeres sobre representadas en los rangos salariales entre los 400€ y los 1.000€. Esta discriminación salarial es consecuencia directa de una segregación vertical de las mujeres aún mayor: las mujeres se concentran, aún más, en las posiciones inferiores de la jerarquía laboral y ocupan puestos de personal no cualificado. Además, en el mundo rural, y en líneas generales, se acepta que las mujeres ejerzan el rol productivo, siempre y cuando no abandonen el rol doméstico/familiar.

Como consecuencia de todo esto 2 de cada 3 personas que viven bajo el umbral de la pobreza son mujeres. La feminización de la pobreza no solo es una consecuencia de una sociedad machista, si no también causa principal de la dificultad para erradicar el resto de violencias machistas. Por ello defendemos la superación de este sistema económico y social por uno más humano que ponga a la vida en el centro y se rija por el principio donde en dicha sociedad seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

A pesar de sus múltiples caras definimos el modelo de funcionamiento del capitalismo patriarcal como un sistema de opresión unitario. Y ante dicho sistema de opresión debemos tomar una posición política clara desde el lugar que ocupamos en él, es decir, como clase trabajadora. La AFJC entiende las relaciones sociales e interpersonales en su conjunto como parte integrante del sistema de opresión capitalista, que produce y reproduce relaciones de explotación, dominación y alienación. Dicha interpretación nos lleva como consecuencia a la necesidad de un feminismo de clase, popular y combativo.

3. LA AFHA DEFIENDE UN FEMINISMO ABOLICIONISTA DE LA PROSTITUCIÓN.

La prostitución es una forma de violencia de género extremo. Los prostíbulos son los grandes campos de concentración de nuestra actualidad. Los puteros y proxenetas violadores, secuestradores y maltratadores. Y nuestra sociedad se convierte en cómplice pues su silencio ante semejante violencia permite y facilita esta forma de machismo extrema.

Se debate sobre la supuesta libertad de las prostitutas para elegir dicho sometimiento, violencia y explotación en su vida diaria, obviando sus necesidades materiales y la universalidad indiscutible de los derechos humanos.

Las mujeres prostituidas son violadas a diario por los puteros, explotadas y privadas de libertad por los proxenetas, olvidadas e ignoradas por la sociedad que sabe y consiente. Las mujeres prostituidas deben ser rescatadas de dicho régimen de terror, merecen alternativas dignas y apoyo por parte de nuestra sociedad y del feminismo.

La prostitución es una cuestión de género, clase y raza. Las prostitutas son las mujeres sobre las que se ejerce con mayor violencia el poder criminal del patriarcado, extrayendo de sus cuerpos esclavizados y maltratados enormes beneficios económicos.

4. LA AFHA DEFIENDE UN FEMINISMO ANTIFASCISTA.

Consideramos el fascismo como una forma política de crimen organizado sustentado en el odio, la violencia y la muerte. El fascismo constituye, y ha constituido, la forma más agresiva, sanguinaria y cruel de sometimiento, opresión y masacre entre seres humanos.

Sus principios son el sometimiento y explotación del débil, el asesinato y la tortura del disidente, el refuerzo y ensalzamiento de todo valor reaccionario contrario al progreso, la igualdad y la libertad. Sus principios son contrarios a la defensa de los derechos humanos.

En nuestro país hemos vivido las consecuencias de vivir bajo un régimen fascista, el franquismo. Durante la dictadura franquista se torturo y asesino a miles de personas inocentes, se robó a bebés recién nacidos de los brazos de sus madres, se condenó al exilio a cientos de personas, se obligó a trabajos forzados estableciendo un régimen de esclavitud en pleno siglo XX, se apoyó el genocidio de la Alemania nazi y la Italia fascista. Muchas de estas personas permanecen ocultas en cunetas y fosas comunes, presas del olvido, muchas de las personas torturadas siguen sin recibir justicia, como consecuencia en muchos casos de la ley de amnistía del 77.

5. LA AFHA DEFIENDE UN FEMINISMO INTERSECCIONAL.

Como consecuencia de lo dicho anteriormente consideramos que al hecho de ser mujer se le deben sumar otras formas de opresión, explotación y marginación como las derivadas de la raza y la clase social. Las mujeres migrantes, por ejemplo, sufren todos los tipos de violencia, a veces, de forma simultánea.

La interseccionalidad es el fenómeno por el cual cada persona sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales. El feminismo interseccional introduce nociones de raza, clase social, etc. El feminismo no puede atender a un solo tipo de “mujer” en singular, de forma indiferenciada, sin tener en cuenta las experiencias de quienes quedan fuera de las categorías CIS, heterosexuales, de clase media, blancas o urbanas.

Toda lucha social basada en un solo tipo de discriminación (sea la raza, el género, la sexualidad, la clase o la edad) nos conduce a centrarnos, tan solo, en las necesidades de las personas privilegiadas de cada grupo. En consecuencia, en los casos de discriminación de género, el foco se pone en las mujeres blancas y con recursos económicos invisibilizando a todas las mujeres que no tengan dichos privilegios.

La interseccionalidad define un proyecto de "justicia social", que busca confluencia o coaliciones con otros "proyectos de justicia social". Y por ello la AFHA intentará buscar formas en las que coordinarse con otros colectivos, asambleas, asociaciones, partidos políticos para establecer vínculos y redes de solidaridad y lucha en común.

El feminismo necesita completarse con esta mirada poliédrica sobre el sometimiento de las mujeres para saber priorizar a quienes más lo necesitan. Y por ello rechazamos cualquier forma de racismo, xenofobia, clasismo o lgtbfobia.

6. LA AFHA DEFIENDE UN FEMINISMO TRANSINCLUSIVO.

 

Las mujeres trans son mujeres. Los derechos de las personas trans son derechos humanos. Las personas trans tienen derecho a vivir una vida libre de violencia y a no sufrir ningún tipo de discriminación. El avance los derechos del colectivo LGTBi no solo no perjudica la lucha de las mujeres, beneficia a las mujeres en su lucha por la igualdad.

 

7. LA AFHA ES UN COLECTIVO MIXTO.

La AFHA consideramos que en la lucha feminista los hombres tienen que mantener un rol secundario. La AFHA es un espacio donde la deliberación colectiva será realizada en igualdad y, por tanto, los hombres que formen parte de ella, deberán asumir una pérdida de su poder-protagonismo-visibilidad tradicionales como condición necesaria para construir dicho espacio de igualdad. Los hombres deben asumir que en tanto han sido socializados como tales en sociedades patriarcales son sujetos de privilegios. Privilegios que por acción u omisión han ejercido a lo largo de sus vidas.

Y dado que el feminismo es condición de posibilidad de las luchas democratizadoras de todo el pueblo y no una cuestión parcial que afecte y competa solo a las mujeres, los hombres deben participar en el feminismo respetando la autonomía política de las mujeres sin que esto signifique un nuevo espacio de comodidad, pasividad o privilegio para ellos. 

 

8. LA AFHA TRABAJA, PREFERENTEMENTE, EN EL ÁMBITO LOCAL.

Nuestro espacio de trabajo preferente es el municipio de Miguelturra. Dicha preferencia no excluye la participación en redes provinciales y regionales dedicadas al feminismo o la memoria histórica, así como la participación en eventos y campañas de dicho ámbito.

9. LA AFHA REIVINDICA LA IMPORTANCIA DE LAS MUJERES RURALES.

 

La brecha de género es mayor en los pueblos que en las ciudades. El medio rural se caracteriza por la masculinización del trabajo asalariado. El grado de ruralidad acentúa la discriminación laboral de las mujeres. Y a pesar de la mayor discriminación de las mujeres del ámbito rural, el feminismo siempre ha sido una lucha de núcleos urbanos, las mujeres rurales han sido las olvidadas.

10. LA AFHA TIENE FINES EDUCATIVOS Y DIVULGATIVOS.

La AFHA tiene como objetivo principal la divulgación y la formación. Dicho objetivo pedagógico y social se enfoca desde dos líneas de actuación.

  1. A nivel interno con sesiones formativas mensuales en torno a temas relacionados con el feminismo realizadas por integrantes de la propia asociación.

  2. Y en segundo lugar a nivel externo, divulgando e informando sobre cuestiones relacionadas con el feminismo, la memoria histórica, los derechos humanos, etc.

11. LA AFHA REIVINDICA LA IMPORTANCIA Y VALOR DE LAS MUJERES DE LA TERCERA EDAD.

El colectivo de las mujeres de la tercera edad es otro de los grupos olvidados por el feminismo. Las mujeres mayores solo en contadas ocasiones aparecen en las cabeceras de las manifestaciones o centran los debates de las asambleas o los objetivos de los colectivos.

Los estudios sobre la pobreza señalan que las mujeres mayores son uno de los grupos con mayor tasa de exclusión social. Sufren aislamiento social, se las infantiliza o se las olvida y se las reduce a estereotipos. Su contribución a la sociedad nunca ha sido valorada como merece. No se ha intentado conocer cómo vivían y como viven.

Desde la AFHA queremos motivar a las mujeres mayores y de tercera edad de nuestro municipio a compartir sus vivencias y conocimientos con nosotras. Valoramos su voz como imprescindible en la construcción de nuestra propia identidad e historia.  

© 2021 por ASOCIACIÓN FEMINISTA HIPATIA. Creado con Wix.com

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